aotearoa

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Location: Mexico, DF, Mexico

a disfrutar la vida, que no hay nada mejor que hacer

Friday, December 29, 2006

Jueves 7 y viernes 8



Salimos a las 6am de casa al aeropuerto. MEX-LAX (3h) y luego LAX-SYD (14h), de camino la vista del litoral del Mar de Cortez hasta la desembocadura del Colorado. Recuerdos de Coachella, que se vé en el horizonte californiano. Viaje amable, con 4 asientos para nosotros solitos. Llegada el viernes en la noche a Sydney (la ciudad) con Andrea, Sidney (hija de Andrea) y el papá de Andrea rumbo a Pymble, suburbio al norte de Sydney (sí, la ciudad).

Sabado 9



Viaje corto(2h) a las Blue Mountains, con Andrea, Sidney y su papá, que amablemente nos llevó allá arriba. Una carretera que va atravesando pueblitos “pintorescos” y paralela a un trenesito (habría que tomarlo).
Sorpresa al encontrarnos frente a un inmenso cañón arbolado que cae cientos de metros en picada y se abre en un laberinto de cañadas, barrancas y valles que sigue hasta el horizonte. Es uno de esos lugares donde respiras un aire primigenio, donde puedes ver a la tierra respirar y vibrar con vida. Varios caminos se internan al cañón y se antoja seguirlos, dejarte llevar por el ruido de cientos de pájaros rebotando por las paredes, enmedio de una atmósfera azul provocada por el aceite del eucalipto. Bajamos por un teleférico que te pone enmedio del bosque húmedo (rainforest) y te lleva por una pasarela para ver una mina y recorrer un poco de selva. Gran probadita de algo que se antoja para más tiempo.
De ahí fuimos a comer a un bistrosito bastante bueno (Sabine se comió un salmón, yo un pollo Tandoori bueno y seriamente condimentado). Regresamos a Sydney y no pasó más.

Domingo 10



Viaje en tren rumbo a Sydney con Andrea y Sidney. Bajamos en el Victoria Center Building y de ahí caminamoss a Darling Harbour, dimos la vuelta a The Rocks, hasta llegar a Circular Quay y la vista de la bahía, con su puente y con su ópera. Caminamos por la orilla tomando fotos y turisteando en grande. Paramos en los jardines botánicos y fuimos a hacer un poco de shopping. Cenamos en un restoransito chino bastante desabridón y hasta ahí el día.

Lunes 11


Viaje al zoológico de Tauranga, en un ferry desde Circular Quay. Estos botesitos son uno de los medios de transporte principales en Sydney y un gran paseo por la bahía por un precio muy bajo.
¡Cómo ir a Australia y no ver la diversidad de bichos que tienen allá abajo! Koalas, canguros, erizos, cocodrilos, wombats, possums, y nuestro gran favorito: el platipus.
Cenamos en un restorán que ofrecía 5 dollar steaks y yo no pude negarme a un trozo de 300 gramos de vaca muerta y una VB fría.

Martes 12


Shopping, shopping, shopping. Luego, un paseo a Manly, una linda playa al norte de la bahía. Una vez más, en ferry.
Compramos un fish&chips (bueno, yo un octopus&chips) y una botella de Chardonnay local y nos sentamos en la playa para comérnoslo. De regreso, nos encontramos con una galería donde compramos un par de pinturitas de arte aborigen.
Regresamos para ir a cenar con Andrea y Sidney al chino del día previo. Aparentemente a todo le falta sal.

Miercoles 13



Salida a las 6am para tomar el vuelo SYD-ZQN, via Christchurch. Recibimiento espectacular por Mount Cook y los alpes del sur. Barrancas de piedra desgarradas por glaciares y con lagos de tono turquesa ácido, llanuras eternas y colinas suaves, con ríos corriendo por todos lados. Llegada a ZQN enmedio de montañas y paredes de piedra, con unas turbulencias punk.



Después de dejar maletas en el Adelaide Guest House, salimos a caminar por la pequeña ciudad a la orilla de un inmenso lago azul profundo, rodeada de montañas, lo que la hace uno de los principales centros de esquí. Linda luz para unas fotos.



Para cerrar, subimos por un teleférico 400 metros hasta un mirador espectacular, donde cenamos un plato de venado al curry con arroz y una buena copa de vino. El que andemos de backpackeros no quiere decir merecerse menos, no?

Jueves 14



Salida rumbo a Manapouri, en una van donde compartimos la carretera con Lisa & Chad, quienes sin saberlo, también iban a tomar el viaje por Doubtful Sound. Una linda carretera llena de postales. En un momento nos encontramos un camión transportando una casa preconstruida, escena un tanto bizarra.



Después de dejar maletas en un motelillo que cumplía bien la función de dejarnos dormir antes del viaje. Llegamos a las oficinas del Breaksea, donde conocimos a Ruth, la encantadora esposa de Lance, capitán del velero. Ella nos mostró en un inmenso mapa de Fiordland que está clavado al techo los detalles de nuestro viaje, mostrando una absoluta pasión por este lugar tan inmenso y mágico, poco tocado por el hombre. Compré un libro y conocimos a Luke, chavo de Vancouver quien sería parte de la tripulación.

También llegaron nuestros futuros compañeros de viaje: Bob & Mary, de unos 65 – 70 años, de Massachusets y papás de Jess, quien también trabajaba en el Breaksea. Para empezar a conocernos, compartimos cena en restorán bastante decente, donde comimos de nuevo Fish&Chips (blue cod, aparentemente una especie un poco sobrexplotada) y un delicioso pay de Manzana con Riubarbo, empujados por una deliciosa botella de vino.



Al terminar, nos fuimos con Chad y Lisa a caminar por la orilla del lago, donde tomamos lindas fotos.

Viernes 15


Salida desde Pearl’s Harbour en un bote de Real Journeys, con el que atravesamos el hermoso lago Manapouri, frío y húmedo, salpicado de cientos de islas y rodeado de inmensos bosques de beech y helechos de todos tamaños, con las dramáticas montañas siempre de fondo. Aquí se filmaron las escenas de la ciudad de elfos en el Señor de los Anillos. Sin duda, ellos escogerían un lugar como este para vivir.
Después de unos 2 minutos en un ferry, llegamos al Power Station, una inmensa obra de ingeniería donde evitaron la inundación de un lugar tan rico como Manapouri perforando la montaña de roca para recorrer los 234 metros que toman al agua para llegar al nivel del mar. La fuerza de la caída del agua mueve las turbinas que generan la electricidad, usada en la extracción de aluminio.
Seguimos nuestro recorrido por el camino de Wilmot Pass que lleva hasta el Deep Cove, dando inicio al imponente Doubtful Sound. Después de dejar maletas, dejamos el muelle y compartimos lunch en la cubierta del Breaksea. Ahí conocimos al resto de nuestros compañeros de viaje: Rita e Ian, pareja de escoses un tanto tímidos y no poco raros, pero buenos tipos, pasaditos de los 40 y a Bill y Olivia, ingleses viviendo en Sydney, de unos 55 años.
Inmensas montañas con paredes de piedra y bosques de hayas (beech), fuscias, y helechos y musgos de todos tamaños. Hanging valleys, cascadas y nubes combinándose en contrastes dramáticos de color, luz y sombras.
Navegamos en “The Car” a una playa frente a una isla inmensa, donde pudimos caminar y perdernos enmedio del bosque húmedo y virgen. Valle rodeado por 2 ríos, uno de agua teñida por materia orgánica, el otro de agua clara y brillante, lleno de rocas y cascadas .
Enmedio, un microcosmos de helechos , hongos, troncos caídos formando cuevas forradas por mil musgostroncos caídos formando cuevas forradas por mil musgos. Todo verde, mullido y suave. Caminar descalzos, sentir la capa de humus húmeda y tibia debajo de los pies. Escalamos un árbol y nos perdimos.
Yo seguí el río hasta una pequeña cascada de unos 2 metros de altura.
Tarde en el Breaksea rumbo a Shoal Cove, al fondo de Bradshaw Sound y en la desembocadura del río Camelot. Afuera sólo se oye el ruido de las cascadas que nos rodean. Soledad absoluta a 30 kms a la redonda. Vino, cena, plática con los compañeros de viaje más sui generis posibles, gente que seguro nunca volveremos a ver, pero con los que compartimos momentos absolutamente intensos.
Dormir en el Breaksea es, definitivamente, una experiencia aparte, camarotes pseudo-privados, literas angostas pero cómodas después de días intensos. Levantarse en la noche implicó un cabezazo que despertó a los vecinos…

Sabado 16

Dicen que al amanecer un grupo de delfines salió a saludar, pero francamente, yo estaba profundamente dormido.
Desayuno preparado por Lance, quien resultó ser un grandísimo tipo: Marinero retirado y apasionado por la conservación de Fiordland. Conoce cada recoveco y se ubica perfectamente en el laberinto de brazos de mar y ríos cubiertos por niebla y nubes que no dejan ver las montañas. Desde temprano, lluvia, misma que duró toooodo el día.
Bajamos en “The Car” a recorrer Camelot River. La primer parada fue junto a una inmensa cascada donde bebimos agua “como venaditos”. También fue el lugar de una plática seria respecto a Fiordland, que está en una seria crisis debido a los cambios del hábitat. Resulta que los venados están acabando con los árboles nuevos, los possums con los viejos y las ratas con los huevos de las aves. Es alarmante cuántas especies de pájaros que se han extinguido en los últimos 100 años.
Seguimos río arriba enmedio de inmensas paredes, con agua tan clara que se veían los troncos al fondo del río, las truchas espantadas alejándose de nosotros. Desafortunadamente, la marea estaba en contra y no pudimos quedarnos mucho tiempo, pero alcanzamos a echarle un vistazo a las magníficas cascadas Bedivere.
De ahí levamos anclas y salimos a la entrada del frío e inmenso mar de Tasmania, donde están los islotes Nee, casa de una colonia de focas. Al acercarte, comienzas a ver los puntos negros tomando el poco sol que llega, a oler la caca de una dieta rica en pescado y marisco fresco y llegamos a unos metros de ellos, oírlos en sus peleas y juegos, felices en su roca pelada y en su mar helado. Bañándose en albercas naturales cubiertas de kelp y otras algas tan variadas como los helechos. De camino, a unos 10 metros del barco, brotaron unas pequeñas cabezas de pájaros color azul grisáceo, nos vieron asombrados y se sumergieron para no volver a salir. Eran pingüinos azules.
El barco dio la vuelta y nos internamos de nuevo a Doubtful Sound, no sin antes pararnos a snorkelear en las Shelter Islets. 20 minutos en wetsuit para aguantar los menos de 10ø de temperatura. Selvas de algas cafés, verde olivo y pardas. Peces de colores apagados y más bien tímidos. Corrientes de plancton atravesando y el maravilloso viaje que es estar ahí metido, lejos de todo lo que conozco, del coral y aguas tibias del Caribe. Un baño caliente y un vino mientras nos dirigimos enmedio de mil cascadas hasta lo más profundo del Crooked Arm, donde pasamos la noche enmedio de nubes bajas y un silencio absoluto, no sin antes cenar cordero al horno y una botella más de vino.

Domingo 17

Despertar ante un cielo absolutamente despejado, con sólo un par de nubes que no se quieren despegar de las montañas. El contraste del clima en este país es impresionante. O lluvia, o sol. Nunca nublado.
Un desayuno más con un pourage de gérmen de trigo con receta marinera, huevos estrellados y tocino, pan tostado y café de plunger.
Emprendimos el regreso lento y triste a Deep Cove, paseando por todo Doubtful Sound buscando delfines, los cuales deciden no salirse a despedir. Visitamos Hall Arm, con paredes de roca inmensas y un fondo de escarpadas montañas cubiertas de nieve. A cuatro kilómetros, pero 1600 metros arriba, el pico de Mount Crowfoot dándonos la despedida de Fiordland en formato megasuperImax.
Después de tocar tierra, esperamos tristes al camión y el ferry que nos llevaría de regreso a Manapouri. El grupo de turistas de la excursión express (en 4 horas con lunch incluído vieron lo que nosotros no alcanzamos a recorrer) es un recordatorio de que 3 de los días más intensos de nuestras vidas están a punto de quedar atrás. En el power station, unos Keas nos saludan y recuerdan nuestra próxima etapa del viaje.
Después de abrazos e intercambios de eMails, nos despedimos de nuestros compañeros y nos dirigimos a Te Anau, a 20 kms al norte. Rita e Ian nos dan el viaje de aventón y nos hospedamos en un backpacker hostel bastante decente.
En la tarde vemos a Lisa & Chad en el Redcliff y cenamos juntos, despidiéndonos de 2 nuevos amigos. El salmón ahumado en el momento, sobre una cama de endivias a parilladas y con arroz es la mejor comida del viaje, empujada por una botella más de vino y un par de pintas de cerveza. De ahí tomamos un barco repleto de turistas ruidosos y altavoces gritones rumbo a la cueva de Gloworms, unos gusanos fosforescentes de color azul eléctrico que viven a 100 metros de profundidad, en una cueva tallada en la roca caliza por un río de miles de años. Momentos de obscuridad absoluta enmedio de un cielo estrellado que se refleja en el agua negra.

Lunes 18

Cine para ver película de Fiordland. Desayuno con Lisa & Chad, despedida final de la experiencia del Breaksea antes de subirnos a nuestro auto, un Subaru que nos lleva de regreso por la carretera a Queenstown. Paramos a tomar fotos en cada curva. Pinos enanos que crecen 1 centímetro al año y algunos con más de 100 años de edad. Red tussocks, borregos, ponies, ríos y lagos. Parada rápida en la estación de un tren que ya no viaja. De vuelta al Adelaide Guest House. Lavandería y bajar fotos. Cenamos Fish&Chips y cerveza Speights en el muelle del lago.

Martes 19

Volamos a Auckland desde temprano, donde nos hacen cruzar la ciudad para recoger nuestro camper Kea. Después de externar mi enojo con el encargado, emprendemos el viaje hacia el sur. Estrés de manejar un camión del lado contrario del camino, con las velocidades del lado contrario al que estoy acostumbrado. 1 hora después paramos al super, recorriendo una carretera por enmedio de Hobbiton. 2 horas después, llegamos a Otorohanga, pueblo que no tiene otro mérito más que estar cerca de otras cuevas de gusanos brillosos. Nuestra primer noche en el camper, que resulta ser bastante cómodo.

Miercoles 20

Después de desayunar y bañarnos, seguimos rumbo al sur, pues queremos darle vuelta a la reserva de Tongariro, donde hay 3 volcanes activos. En vista del clima lluvioso que tiene este país, hay veces que haces coraje de imaginarte la hermosa montaña que está del otro lado de la lluvia y de las nubes. Al menos el volcán desolado salió un par de minutos para que lo viéramos. Sin embargo, al dar la vuelta para recorrer Desert Road, todo cambia de pronto.
El bosque termina y es seguido por una inmensa llanura que ha sido tantas veces cubierta de cenizas, que sólo crecen matas de pasto como del Popocatépetl, en una zona que está reservada para el entrenamiento del ejército de Su Majestad. Paramos a comer en un mirador al lado de la carretera. Del lado izquierdo, el volcán enmedio de una tormenta donde las nubes pelean con la roca metiéndose por las cañadas donde se pueden ver capas de agua cayendo. El sol brilla en el fondo y rayos de luz se filtran enmedio del fin del mundo. Entre nosotros y el volcán, un valle gigantesco que escala hacia donde estamos comiendo mientras el camper es agitado por ráfagas de aire. Arriba, termina la zona de presión y se hace un turbulento litoral de nubes. Del otro lado, un cielo azul brillante, sin nubes.
Seguimos por la carretera donde vuelve a aplicarse el adjetivo “dramático”, pues es atravesada por ríos y cascadas enmedio de los depósitos de arena volcánica que se acumulan tras los años. Seguimos avanzando hasta llegar al lago Taupo, nacido en el cráter de un volcán que explotó en una erupción 100 veces más grande que Krakatoa. Atravesamos la pequeña ciudad y llegamos a Huka Falls, donde nace el río Wainosequeé. Saliendo del lago, las aguas se encajonan en un pequeño cajón de piedra, aumentando su presión de forma imponente y haciendo una inmensa licuadora donde en definitiva, uno no quisiera caerse. El color del agua es azul turquesa, limpio y frío.
Ese día acampamos en una granja, en un lugar donde al abrir las puertas del camper, nos encontrábamos con el río que 200 metros abajo se traga el agua en un remolino destructivo. Cena de salmón y vino blanco. Sin duda, el mejor lugar donde nos quedamos en el camper.

Jueves 21

Después de una caminata junto al río, nos fuimos a Craters of the Moon, zona termal donde el agua que se filtra por el suelo está en permanente ebullición y el olor a azufre se te impregna en la ropa. Colores indescriptibles y nubes de vapor rodeándote después de la lluvia deja de caer para que brille el sol y a los 5 minutos te empapes otra vez.
De ahí tomamos la carretera para llegar a Okarei Korako, una de las zonas termales más imponentes del mundo, donde una cascada ha quedado petrificada después de cientos de miles de años de actividad volcánica constante. Fuentes de colores que van del amarillo huevo al verde esmeralda y a rojos y ocres y azules brillantes. Agua por todos lados, en pequeñas corrientes enmedio de cristal de roca, en albercas hirvientes, en fosas de lodo burbujeante que no dejan de verse por toda esta zona de este país tan hermoso.
De ahí llegamos a Rotorua, donde encontramos un camping park junto al lago y una vez más dormimos después de una cena con vino.

Viernes 22

Un par de horas en la ciudad para ir al banco, hacer un poco de shopping y comprar cosas de la cámara. De ahí nos vamos a Hell’s Gate, otra zona termal que contrasta la belleza del día anterior con la crudeza de sus formaciones grices, cenizas, en medio de albercas de agua hirviendo, calderas del lodo que explota en nubes de azufre y que le hace honor a su nombre. En cualquier momento, uno espera ver las figuras descabezadas y las caras agonizantes de los grabados de Doré. Si existiera el infierno, seguro sería así de hermoso.
Después, seguimos nuestra ruta hacia Tauranga y su Mount Maunganui, donde pasamos nuestra penúltima noche de nuestro viaje junto a una hermosa playa enmarcada por piedras y un cerro donde se mete el sol a las 9 de la noche, en el día más largo del año.

Sabado 23

Después de tirarnos en la playa y desistir en nuestra búsqueda de un poco de sol, subimos el monte para tener una hermosa vista del Bay of Plenty, alcanzamos a ver White Island en el horizonte y del otro lado se nos empieza a acercar una tormenta que nos pesca a la mitad de la bajada, empapándonos, por supuesto, una vez más.
Debido a la hora, nos tenemos que salir del holiday park con prisas, pero no hay problema, porque podemos cocinar en la calle, junto a la playa, antes de salir al cmino que nos lleva a Auckland. En el camino, me alcanza una camioneta que tiene escrito “Police” a lo que yo reacciono alterado sólo para ser alcanzado, saludado y rebasado por un par de adolescentes con sonrisa de imbécil. Pasamos por una hermosa cañada donde corre un río de donde alguna vez sacaron oro. Atravesamos de nuevo la ciudad y acampamos en la playa, en una orilla salpicada por rocas volcánicas lanzadas desde el otro lado de la bahía por el volcán xxxxxx, que se alza en el horizonte.
Una vez más, salmón con pasta y una deliciosa botella de vino, con la que cerramos uno de los viajes más increíbles de nuestras vidas.

Domingo 24

Despierto temprano para tomar fotos en la playa y disfrutar mis últimas horas en un país mágico. Después de desayunar, nos tiramos en la playa, donde 5 minutos después de tomar el sol, empezamos a tomar la lluvia. Entregamos el camper y nos vamos rumbo al aeropuerto. Nuestro vuelo sale a las 6 de la tarde y llegaremos a México ese mismo día a las 12 de la noche, en el 24 de diciembre más largo de nuestra vida: 38 horas para finalizar un viaje donde todo lo que vivimos fue una experiencia totalmente nueva.